Poema 20

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20/02/09 17:38





Puedo escribir los versos más tristes esta noche.
Escribir, por ejemplo: «La noche está estrellada,
y tiritan, azules, los astros, a lo lejos.»

El viento de la noche gira en el cielo y canta.

Puedo escribir los versos más tristes esta noche.
Yo la quise, y a veces ella también me quiso.

En las noches como ésta la tuve entre mis brazos.
La besé tantas veces bajo el cielo infinito.

Ella me quiso, a veces yo también la quería.
Cómo no haber amado sus grandes ojos fijos.

Puedo escribir los versos más tristes esta noche.
Pensar que no la tengo. Sentir que la he perdido.

Oír la noche inmensa, más inmensa sin ella.
Y el verso cae al alma como al pasto el rocío.

Qué importa que mi amor no pudiera guardarla.
La noche está estrellada y ella no está conmigo.

Eso es todo. A lo lejos alguien canta. A lo lejos.
Mi alma no se contenta con haberla perdido.

Como para acercarla mi mirada la busca.
Mi corazón la busca, y ella no está conmigo.

La misma noche que hace blanquear los mismos árboles.
Nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos.

Ya no la quiero, es cierto, pero cuánto la quise.
Mi voz buscaba el viento para tocar su oído.

De otro. Será de otro. Como antes de mis besos.
Su voz, su cuerpo claro. Sus ojos infinitos.

Ya no la quiero, es cierto, pero tal vez la quiero.
Es tan corto el amor, y es tan largo el olvido.

Porque en noches como ésta la tuve entre mis brazos,
Mi alma no se contenta con haberla perdido.

Aunque éste sea el último dolor que ella me causa,
y éstos sean los últimos versos que yo le escribo.


-"Veinte poemas de amor y una canción desesperada", Pablo Neruda 






………………………………….La Biblia dice:……………………………………
“Aleluya. Alabad a Jehová, porque él es bueno; Porque para siempre es su misericordia”. 
-Sal. 106.1

“…dando siempre gracias por todo al Dios y Padre, en el nombre de nuestro Señor Jesucristo”. 

-Ef. 5.20





Mucha gente espera ocasiones especiales para demostrarse un afecto mutuo, y lo malo es que ahora también implica el regalo (gasto) obligatorio al que los medios nos llevan en su caudal profundamente egocéntrico y materialista. Y quizá lo más necesario está más cerca aun que a la vuelta de una esquina:

“Cómo no haber amado sus grandes ojos fijos… ”


Más necesario que la lluvia, más bonito y agradable que el agua de un arroyo corriendo, más representativo que una escultura de Rodin, más perfecto que el diario nacimiento por oriente del gigantesco sol, la vida tiene su mayor y mejor riqueza en aquellas personas que nos acompañan durante nuestro caminar por la existencia, un abrazo de grosellas es mejor que la mejor de las tabletas de Finalín, el amor en los ojos y en los labios y en que ya no se sabe ni cuáles son los de quién, la mano abierta de un amigo como un suave incienso, el rato en que el deporte pone voz y viento a la emoción compartida, el día en que una flor es más importante de cuidar que la tapicería del auto; más necesario son las cosas tan pequeñas de encontrarlas en nuestro camino que se nos hace difícil verlas en medio de las obligaciones.

La poesía implica un camino muy poco apreciado en nuestro tiempo, en la novela “Dr. Zhivago”, de Boris Pasternak, se cuenta algo de los rusos y del Dr. cuando este fallece y mucha gente asiste a su funeral, y es el hecho de que “nadie ama tanto la poseía como los rusos, y si la gente ama la poesía (a pesar de las temibles prohibiciones de los bolcheviques del comunismo soviético) también ama a sus poetas aunque no sepa casi nada de ellos”. Un hecho particularmente hermoso de esta versión en la película de David Lean, con Omar Sharif como protagonista y Julie Christie, es el murmullo del viento sobre las hojas secas que parecen ser parte, junto al fondo musical de Maurice Jarre, de una historia que aun más que épica es aleccionadora para quienes vivimos hoy. Nos preocupamos de tener más y más, no de ofrecer algo a las demás personas, y nunca es tan importante quién sepa qué de lo poco o lo mucho que podemos hacer en vida por otros, aun por quienes entendemos a nuestro propio juicio, no ser merecedores de lo más pequeño y plausible de nuestro afecto.

En la novela, no solo la guerra civil desgarra, parte y destroza, sino también los hombres intolerantes, las masas arrancadas a la fuerza de sus familias y sus pueblos y sus esperanzas, sueños que se pierden bajo la nieve como el Dr. pierde al final a su familia en París y a Lara en Mongolia, lejos de la Patria que él nunca abandona, pues la ama. La ama. Sencillamente la ama. No hay mayor explicación ni torpeza, ni nada. También sus “Poemas a Lara” quedan en el bagaje de la imaginación del lector o el espectador de la película como un vago y sutil licor que alguien ha puesto en la garganta y que, sin desearlo apenas, nos impide llorar en público y, apenas podemos, lo llegamos a hacer a solas...

No tenemos que atravesar por situaciones tan difíciles, nuestro país es una nación y una tierra bendecida a pesar de todas las dificultades, ¿dónde está la crisis”?, que venga y la llevaremos muchos de nosotros a dar un buen paseo por la costa ecuatoriana en nuestros autos nuevos; ¿dónde está nuestra pobreza?, que lo digan y les diré también cuánto hemos amado a nuestra tierra que no la hemos abandonado teniendo que irnos a tierra extraña; ¿dònde hay falta de amor?, ¿en qué corazón o mente o pecho o brazo?, aprenda a darse a los demás mientras pueda hacerlo y verá cómo llueven de por sí abrazos, besos, gestos de amor por todos lados, revoloteando como tijeras que cortan la soledad, la culpa, el trauma, la desesperanza, la ociosidad, el vicio, y tantas cosas malas… si aprendemos a dar, no hay posibilidad alguna de ser infelices. Si aprendemos a valorarnos todos nunca nos sentiremos solos de ningún modo. Si aprendemos a valorar lo ricos que somos mientras las naciones vecinas viven la guerra, DESCUBRIREMOS QUE DAR UN CHOCOLATITO A TIEMPO, UNA SONRISA A TIEMPO, ALGO DE AMOR A TIEMPO hace la diferencia entre vivir “por inercia” y vivir “por algo”.


Quizá este feriado solo necesitemos saborear un buen cafecito en casa junto los que amamos, aunque no haya dinero para el pan ni para ningún paseo, quizá solo dispongamos de un buen poema, o una película donde se ven casos tremendos como “Dr. Zhivago” y nos vuelva agradecidos a nuestro Dios, día con día en nuestra oraciones, por aquellos que “todavía” nos aman y por “todo” lo que tenemos:




Porque en noches como ésta la tuve entre mis brazos,
Mi alma no se contenta con haberla perdido.

Aunque éste sea el último dolor que ella me causa,
y éstos sean los últimos versos que yo le escribo.







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